Queridxs lectorxs:
En cualquier conversación entre colegas suele llegar el momento en el que nos mofamos por la cantidad de veces que tenemos que aclarar que las librerías independientes no somos papelerías ni hacemos fotocopias (inclusive la mayoría no cuenta con una impresora para las operaciones ordinarias). Sin embargo, he notado que para El Entusiasmo esa pregunta es poco frecuente, sospecho que es porque la librería es demasiado casa todavía, pero contamos con otra frase repetida incansablemente. La escena es casi siempre la misma.
Entra una persona desconcertada a la librería y pregunta:
-¿Cuál es la dinámica aquí, los libros se pueden leer o son sólo para comprar? ¿Es una… biblioteca?
En nuestra respuesta comienza la argumentación sobre por qué somos una librería y si tenemos ánimos y tiempo presentamos el proyecto en general. La reiteración de la escena me inquieta. ¿Qué formas adquiere El Entusiasmo que podrían dar cuenta a primera vista de ser una biblioteca?
Las apariencias engañan
Reconocer una librería de cadena es sencillo porque en cualquier gran superficie enteramente comercial sobreabundan los carteles que ofertan, descuentan o rematan objetos. También hay gigantografías de autores, grandes libreros, cajas de cobro inalcanzables, cámaras de seguridad, vigilantes en la puerta, etcétera. Las librerías independientes no suelen contar con toda esa utilería comercial, principalmente porque al ser espacios más pequeños, el flujo comercial y de personas es menor, y eso habilita otras formas de ocupar el espacio. A mi parecer, formas orgánicas, amables y diversas. La librería es aquel lugar de encuentro en el que queremos que todxs se sientan bienvenidxs; por ende, ciertos objetos nos son necesarios.
Mi intención no es generalizar sobre las bibliotecas públicas pero evidentemente librerías como El Entusiasmo están más cerca de parecerse a ellas que a librerías de cadena. Hay un elemento distintivo: el silencio. Reconozco que jamás lo solicitamos e inclusive lo ahuyentamos porque en las ocho horas que la librería permanece abierta estamos escuchando la radio, todo tipo de música o estamos hablando a los gritos con Samuel. Hace unos meses una lectora nos preguntó si estábamos ensayando una obra de teatro, sólo porque conversábamos enfáticamente desde el escritorio a la cocina.
Empanada y medialuna
Todxs confundimos palabras. Pero no me refiero a palabras homófonas, es decir, aquellas que suenan igual pero se escriben distinto, sino pienso en las palabras que suenan parecido y tienen significados distintos pero son parte del mismo campo semántico. Advierto que mis ejemplos serán argentinos y no mexicanos, me faltan varios años más aquí para reconocerlos. Empanada y medialuna es un ejemplo clásico, misma cantidad de sílabas, se compran por docena, diversidad de gustos y mismo campo semántico: comida popular deliciosa. El mes pasado escuché a un Sebastián aclarando que siempre lo confunden con Esteban, misma cantidad de sílabas, nombres masculinos, mismo campo semántico. Sin ir más lejos, mi nombre suele intercambiarse por Valentina.
Biblioteca y librería cumplen la norma por cantidad de sílabas y campo semántico cerrado: sitio donde hay libros.
3. Bibliotecas otras
El mes pasado me invitaron a moderar una conversación, que hizo parte del segundo Seminario de Bibliodiversidad y experimentación editorial, en la que participaban dos bibliotecas privadas y de acceso público abocadas al libro de artista, Tlacuilo -CDMX- y América Elda Nancy -Rosario-. ¿Por qué una librera conversando con dos bibliotecarias?
La propuesta me pareció desafiante y maravillosa, sobre todo porque me obligó a reflexionar sobre la proximidad entre la librería independiente y la biblioteca de iniciativa privada o la biblioteca popular. En el enlace pueden escuchar que tenemos inquietudes similares, problemas paralelos e iguales desafíos lectores.
Nota mental: deberíamos platicar más con lxs bibliotecarixs.
Para cerrar esta carta, me parece importante aclarar que cada vez que la gente se “confunde” enmascara un elogio inconsciente para El Entusiasmo. ¿Acaso existe una comparación más bibliófila y hermosa que el trabajo bibliotecario?
Saludos desde una Xalapa soleada,
Agustina.-
PD: Ayer una lectora nueva me dijo que nos confunden porque “la gente quiere libros gratis” y yo le respondí “y sí”.


