Queridxs lectorxs:
Hace un tiempo, una gran amiga que vive en Argentina notó que todos mis mensajes comenzaban con un repaso climático de Xalapa y luego lo encadenaba a cómo me sentía al respecto. Desde ese momento entendí y comencé a identificar que para muchas personas la relación entre el clima y el ánimo es directa. Y esto no es ningún hallazgo porque, aunque se nos olvide, somos seres vivos que respiramos y sudamos, entre otras cosas.
La gente suele recordar la Xalapa lluviosa, la de neblina cotidiana, fría y húmeda; pero el calentamiento global, el extractivismo y el crecimiento urbano son algunas de las causas que han trastocado el clima de la mayoría de las ciudades latinoamericanas y la nuestra no queda exenta de ese escenario. Esa Xalapa del recuerdo cada día está más lejana.
Hoy, jueves 19 de febrero, mientras escribo este texto, acontecen 29 grados. ¡Es muchísimo! La Xalapa actual es soleada y extremadamente calurosa porque la humedad es lo que permanece. Aún no llega la primavera pero los días calientes ya están sucediendo de manera alternada aunque sin previo aviso podría regresar el frío.
No tengo la capacidad de hacer un análisis climatológico ni mucho menos, sin embargo, estoy segura de que el calor en el bosque mesófilo de montaña es una muestra del colapso ambiental. Nosotrxs, que no somos xalapeñxs, jamás imaginamos que en algún momento sería necesario conseguir un aire acondicionado para el salón donde suceden las presentaciones en la librería pero aquí está el dichoso aparato desde el año pasado.
Desde 2024, comenzamos a notar que un día de sol es un día de venta. Por el contrario, cuando tenemos rachas de frío y lluvia, la gente se guarda. La relación entre las endorfinas que genera el calor, la alegría que provoca, el deseo por pasear y, por ende, visitarnos, es lineal. No siempre la llegada a la librería se traduce en una venta pero la algarabía está en el aire.
Cuando comenzó el invierno, un lector que se iba con las manos vacías, deslizó antes de cruzar la puerta “con días así, ni siquiera se antoja leer”. ¿Acaso la imagen idílica de una taza de café y un buen libro para guarecerse es obsoleta? No lo creo. A mi me gusta leer en cualquier ocasión y en cualquier situación climática, pero mi intención no es hablar del hábito de la lectura sino apuntar un aspecto muy pequeño y benéfico en medio de todos los cambios ambientales. Quizás, este nuevo sol xalapeño nos anime a salir más, a caminar la ciudad, a reconocerla, a pasear, a reencontrarnos y a jugar con el tiempo. Entonces, sería imposible no preguntarnos ¿qué mejor lugar para descansar un poco del calor que una librería soleada?
Saludos desde el sol,
Agustina

