Querides lectores:

El equilibrio es aquello que buscamos con insistencia y luego de mucha práctica sucede. Encontrar la música indicada para la librería y el volúmen ideal es una ecuación que todos los días hábiles pruebo. El Entusiasmo sólo está en silencio cuando está cerrado, tal vez parezca una obviedad pero una de las primeras tareas del día es encender la bocina que habita en la chimenea. 

(Anticipo la melomania y que durante algunos años ejercí de dj.)

Las librerías que están en silencio me generan desconfianza, ¿quieren asemejarse a la biblioteca? Si les libreres tienen poder de decisión sobre la bocina, ¿optan por creer que en silencio es más fácil decidir qué libro comprar? Cuando entro a una tienda sin música me siento intimidada, completamente observada porque hasta los pasos se escuchan. La música no tapa pero sí disimula, acompaña, anima. Estoy convencida de que una playlist delicadamente curada genera identidad, es crear un ambiente particular, una forma de estar entre los libros. También es una demostración del ánimo del librere a cargo.

A veces la música es la incorrecta. Por ejemplo, si entra un grupo numeroso de lectores y lo que suena no sintoniza con la energía de les visitantes, voy rápido hacia la computadora; el equilibrio se puede restablecer rápidamente pero tengo que estar atenta. Hace unos años leí: “Si la música se impone demasiado, perturba: el cliente no sabe si enfocarse allí o en los libros. Si en cambio se logra un ambiente, esto estimula la venta, que tiene mucho de emocional”. Este es un fragmento de Música para librerías, escrito por el librero argentino, Hernán Lucas. Coincido.

Apenas inauguramos la librería comencé una lista de reproducción en Spotify que ha crecido muchísimo, hoy en día cuenta con ochenta horas de música y la pueden escuchar aquí.

Se imaginan lo ecléctico que es dicho soundtrack libresco, desde cumbias pasando por tangos hasta llegar al jazz; artistas independientes y Paul McCartney; todes en sana convivencia. La selección está pensada para pasear alegremente entre los libreros, no es música tranquila para leer. La idea de música para leer nunca surtió efecto en mí, porque para zambullirme en un libro quiero silencio o ruido ambiente.

-¿Qué es lo que suena? ¿Quién canta?

Las canciones han sido detonador de conversaciones porque si no es un libro tiene que ser la música, aquí la idea es platicar. Les lectores inclusive me han recomendado artistas. En febrero entré a una librería xalapeña en la que sonaron tres canciones que pertenecen a la lista de El Entu, entonces confirmé: la música es generacional o tal vez Laura Itandehui le sienta más que bien a las librerías independientes. 

Sabemos que la vida sin música sería un error, entonces ¿por qué en las librerías vivirían en el atronador silencio?

Hasta pronto,

Agustina

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